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sábado, 3 de noviembre de 2012

En estos tiempos, hacemos poesia con largas hileras
de sustantivos y verbos. Es la lista de lo que necesitamos: solidaridad, uniòn, fe, hacer,
    contener, consolarnos.


A veces, algun calificativo trucho se nos filtra, escueto,

a pesar de nuestros esfuerzos por evitar
las palabras del milenio, que son objetos contundentes:

No proponen ni dan respuestas, no riman:
solamente miden y ponen precio.

Góndola de supermercado,
24 x 24,
   mercado financiero,
   marketing, descuento, combo,
   week end, oferta, champán.

Dia y noche, enteros,
para comprar,
hacer la guerra
tener sexo compulsivo.

Exaltar, seducir,
empalagar,
    ahora, son misión de publicistas, no de poetas,
    porque
    ellos nos usurparon los adjetivos,
    y desde entonces, poca cosa queda por hacer   ,
    además de intentarnos crayón rojo,
    flecha, índice, tilde, señal,
    grito que
    lucha por apagar el pregón altisonante que explota en las vidrieras
    y las gargantas de los vendedores:

 - "!Pasen y vean!
- !No empujen!
- !Hay suficiente mierda para todos!"