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lunes, 30 de septiembre de 2013






  La casa vieja sacude sus capas de mugre y óxido,
   abre las puertas,
   se le agrandan los ojos y las ventanas.

   Una brisa indiscreta empuja los postigos, se cuela
   hasta la sala,
   sacude una lamparita y la luz se estremece
   como en un orgasmo.
   
    Bajo las capas reiteradas de pintura,
    se ve que todo, 
    alguna vez, 
    estuvo pintado de verde.

   

-Es la hora
-dicen-
Van a llegar lo invitados.


De pronto, desde muy alto, una copa se precipita al vacío y 
las 
astillas salpican
por todas partes.

La casa, casi sangra, pero
una escoba solícita acude para dejar las cosas
como estaban.

Los portones se abren, y los que fueron convocados, entran.
Suena la música.

Nadie sabe
que la casa de hoy, reestrena los latidos de ayer,

porque todo, alguna vez,
siempre,
estuvo pintado de verde. AF