Seguidores

miércoles, 11 de abril de 2018

Un buen invento





Dios hizo a los ángeles en primer lugar para que colaboraran en la creación del resto del mundo. A continuación creó a las mujeres, ya preñadas, de cuyas entrañas fueron surgiendo los hombres.
Después, pensó en darles un hogar.
Convocó a sus ayudantes y explicó sus propositos.
-Haré un mundo redondo-dijo- para que nadie pueda estar por encima de nadie.
-Si -contestaron los ángeles contemplando cómo se plazmaba la idea divina en ese mismo instante.-. Pero hay cumbres y hay abismos. ¿No los utilizarán algunos para elevarse y sentirse, así, superiores al resto?
-Es cierto. Tenéis razón. -dijo Dios- Enrareceré la atmosfera en esos sitios y serán inhóspitos. Demasiado oscuros o demasiado fríos. Nadie podrá sobrevivir allí.
-Sí -intervino otro ángel- Pero: ¿y si quieren elevarse por medio del intelecto superior que les brindaste, y confunden el camino?
Esta era una buena pregunta y la respuesta exigió un rato de meditación.
Al fin, Dios se pronunció exclamando:
-¡Ya sé! Respetaré su libre albedrío, pero hallarán advertencias si toman el camino equivocado. El dolor y el malestar los obligarán a apartarse y desearán encontrar la dirección correcta.
Satizfecho, se hechó a dormir un rato. Después de un tiempo, que fue mucho para la historia del mundo y sólo unos minutos para el sueño divino, los ángeles lo sacudieron hasta despertarlo.
-¡Señor! ¡Señor! - dijeron- ¡Observa! Algunos han conseguido someter a otros, obligándolos a construir altas torres y murallas. ¡Y adentro se creen superiores!
Dios comprendió que esta vez no tenía ante sí un problema sencillo. Aceptó haber cometido un error al poner dolor en el alma de los humanos. Ellos, en sus recorridos interiores, casi siempre elegían el camino más fácil, que los conducía, indefectiblemente, a sufrir. Parecia más simple huír de sí mismos sometiendo a los débiles que triunfar sobre las propias debilidades. De esta manera, la Gracia desaparece en un mundo de perezosos y cobardes.
Después de meditar algunos eones, surgió la gran idea. Tuvo que trabajar bastante, pero al fin quedó satizfecho.
El primer paso fue sellar en el alma de Unos la puerta de la Felicidad.
A   continuación, colocó en las almas de Otros la llave. Así, los hombres se necesitan Unos a Otros. Y aún más. Si alguno se coloca por encima y es amado, los demás podrán abrir sus corazones gracias a él, pero él mismo no lo conseguirá nunca, salvo que acepte descender de sus alturas reconociéndose al mismo nivel que su prójimo.
     Ahora sí, Dios descansa tranquilo. Sabe que sólo es cuestión de tiempo que sus criaturas descubran el infalile sistema que les permitirá disfrutar de la riqueza inagotable guardada en sus almas. Ada Fanelli.




“M”

Mujeres: muchas.
Mujeres partidas al medio como frutas,
por un amor desgraciado, por un mal parto,
por agacharse para pasar el trapo.
Apoyadas en la escoba, el recuerdo, los platos,
el detergente, la esponja y
la esperanza.
Madres con el corazón partido por un hijo malo,
por un teléfono que no suena, por el amor
que no llega.
Partidas al medio por la verdad, por la mentira,
por un hacha,
y por la plata que no alcanza.
Mujeres con la cabeza partida tratando de entender por qué no se rescata,
si eran tan felices, porque se dio a la mala vida, a la bebida, a la droga, a la otra.
Mujeres ricas, sobre tacos altos y tobillos hinchados por la indiferencia,
con la dignidad partida, pero bien maquilladas y perfumadas,
Mujeres obreras con el lomo partido,
Mujeres, mujeres, mujeres, mujeres,
desde siempre alumbrando, abortando, muriendo,
acunando, amamantando,
dando,
dando
dando
tanto.
Pero también
mujeres acumulando:
golpes,
desprecios, contagios.
Mujeres escarbadas en el sillón del psicoanalista,
hurgadas en la camilla del ginecólogo 
por la pija de acero del que sabe, por tu bien, relajate,
soltate, no te duele, no te duele, no te duele.
No jodas.
Solas, solitas,
solteronas.
Casadas,
amarradas,
viudas, expropiadas,
abandonadas, insultadas, humilladas.
Putas, histéricas, enamoradas,
frígidas, cansadas.
Cansadas de buscar sin encontrarlo,
arrepentidas de haberlo encontrado,
Mujeres con los brazos y las tetas y los ojos desbordados de hijos
y de hijas
suyos y de otros.
Mujeres envenenadas, reventadas,
partidas por el veneno de la envidia,
en la imagen partida del espejo roto.
Con la mirada partida por la ausencia,
por la distancia,
por el encierro,
por la intemperie.
Mujeres partidas partiendo juntas, 
tantas,  todas,
Enfrentando, vencedoras de la muerte,
reclamadoras de la vida. Mujeres parando el tráfico, las máquinas,
los malos tratos.
Mujeres a punto de partir, a punto de parir,
llenando las calles de niños,
levantando las voces y las risas,
exhibiendo los pechos y las banderas,
desvestidas,
malvestidas, poco vestidas,
trasvestidas.
Partiendo,
quién sabe a dónde.
pero están yendo.
Mujeres partidas por la vida
partiendo la historia de lado a lado,
partiendo a los generales que parieron
y las violaron,
a los presidentes que votaron
y las hambrearon, 
a los altares
frente a los que se arrodillaron,
a los curas
que abusaron de sus hijos,
a los falsos maestros y a los falsos profetas que las traicionaron:
Las mujeres están partiendo. Nadie sabe a dónde, pero están yendo.
Partiendo con la mirada el culo de los cobardes que huyen.
y el rostro de los pusilánimes que permanecen.  
Mujeres que apartan,
mujeres que se apartan,
mujeres que se juntan para decir
¡Basta!